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La Navidad y su origen

¿Sabes bien qué celebramos o desde cuándo se celebra la Navidad?

O bien, ¿por qué se celebra el 25 de diciembre?




¿Qué es la Navidad?


La Navidad es la fiesta que conmemora el nacimiento de Jesucristo. Es un día importante para los cristianos porque se celebra que Jesucristo, el Hijo de Dios “por nosotros los hombres y por nuestra salvación bajó del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María la Virgen y se hizo hombre” (Credo Niceno-Constantinopolitano).


Cada año, la Iglesia se prepara para la Navidad con el tiempo litúrgico del Adviento, que dura cuatro semanas (cfr. CEC 463, 522-524)


Pero recordemos que los primeros cristianos no tenían tantas celebraciones como lo es hoy, sino que todo giraba en torno al Kerygma y la celebración de esa pasión, muerte y resurrección del Señor.



¿Desde cuándo celebramos Navidad?


De la fecha del nacimiento de Jesús no dicen nada los Evangelios. Hasta el siglo III no tenemos noticias sobre la fecha del nacimiento de Jesús. Los primeros testimonios de Padres y escritores eclesiásticos señalan diversas fechas.


El primer testimonio indirecto de que la celebración de la natividad de Cristo el 25 de diciembre lo ofrece Sexto Julio Africano el año 221. La primera referencia directa de su celebración es la del calendario litúrgico filocaliano del año 354 (MGH, IX,I, 13-196): VIII kal. Ian. natus Christus in Betleem Iudeae (“el 25 de diciembre nació Cristo en Belén de Judea”).


A partir del siglo IV los testimonios de este día como celebración del nacimiento de Cristo son comunes en la tradición occidental.



¿Y por qué el 25 de diciembre?


Una explicación bastante difundida es que los cristianos optaron por este día porque, a partir del año 274, el 25 de diciembre se celebraba en Roma el dies natalis Solis invicti, el día del nacimiento del Sol invicto, la victoria de la luz sobre la noche más larga del año. Esta explicación se apoya en que la liturgia de Navidad y los Padres de la época establecen un paralelismo entre el nacimiento de Jesucristo y expresiones bíblicas como «sol de justicia» (Ma 4,2) y «luz del mundo» (Jn 1,4ss.). Sin embargo, no hay pruebas de que esto fuera así y parece difícil imaginarse que los cristianos de aquel entonces quisieran adaptar fiestas paganas al calendario litúrgico, especialmente cuando acababan de experimentar la persecución. Es posible, no obstante, que con el transcurso del tiempo la fiesta cristiana fuera asimilando la fiesta pagana.


Otra explicación más plausible hace depender la fecha del nacimiento de Jesús de la fecha de su encarnación, que a su vez se relacionaba con la fecha de su muerte. En un tratado anónimo sobre solsticios y equinoccios se afirma que “nuestro Señor fue concebido el 8 de las kalendas de Abril en el mes de marzo (25 de marzo), que es el día de la pasión del Señor y de su concepción, pues fue concebido el mismo día que murió” (B. Botte, Les Origenes de la Noël et de l’Epiphanie, Louvain 1932, l. 230-33).

En la tradición oriental, apoyándose en otro calendario, la pasión y la encarnación del Señor se celebraban el 6 de abril, fecha que concuerda con la celebración de la Navidad el 6 de enero.

La relación entre pasión y encarnación es una idea que está en consonancia con la mentalidad antigua y medieval, que admiraba la perfección del universo como un todo, donde las grandes intervenciones de Dios estaban vinculadas entre sí. Se trata de una concepción que también encuentra sus raíces en el judaísmo, donde creación y salvación se relacionaban con el mes de Nisán.

El arte cristiano ha reflejado esta misma idea a lo largo de la historia al pintar en la Anunciación de la Virgen al niño Jesús descendiendo del cielo con una cruz. Así pues, es posible que los cristianos vincularan la redención obrada por Cristo con su concepción, y ésta determinara la fecha del nacimiento. “Lo más decisivo fue la relación existente entre la creación y la cruz, entre la creación y la concepción de Cristo” (J. Ratzinger, El espíritu de la liturgia, 131).



Misas de Nochebuena


Para la solemnidad de la Natividad del Señor que alegremente celebraremos en unos días el Misal Romano prevé cuatro formularios distintos, cada uno asignado a una hora distinta: el 24 por la tarde con la misa de la vigilia; y el 25 un formulario para medianoche, uno para la aurora y uno más para el resto del día.


Esto tiene su origen en las “misas estacionales” que celebraba el papa. Antiguamente, cada día se estipulaba que el papa debía celebrar la misa en una determinada iglesia de Roma, que se llamaba iglesia estacional. La gran estación de la Natividad era en la Basílica de Santa María la Mayor, por un vínculo con las reliquias del Pesebre de Belén donde nació el Salvador, que así se veneran.


Era costumbre en Roma que en los últimos momentos del 24 de diciembre el papa celebrara una primera misa en el altar mayor Basílica de Santa María la Mayor, terminada la cual se rezaban los maitines. A esa se le llamaba “Misa de la Vigilia”.


Después de esa misa, se celebraba una segunda en Santa María la Mayor, pero no en el altar mayor, sino en la capilla “del pesebre” (statio ad Sancta Mariam Maiorem ad Praesepe) que se llamaba “misa de noche”. La misa de medianoche también es conocida como misa de gallo porque se debía celebrar "mox ut gallus cantaverit", es decir, en seguida de cantar el gallo. A esta misa le seguía el canto de las laudes.


Después de esta segunda misa, había una tercera celebrada por el papa para los griegos en la Iglesia de Santa Anastasia, a la que ellos tenían especial devoción, y cuya fiesta celebraban en esa fecha. A esta se le llamaba misa de la aurora. Con el pasar del tiempo, esa misa de la aurora se trasformó en celebración plenamente navideña.


Por último, el Papa presidía otra solemne Eucaristía en la Basílica de santa María la Mayor, ya de día y conocida como “misa del día”.


Esta costumbre de la Iglesia de Roma pasó a toda la cristiandad



El nacimiento del Niño Dios relatado


Te dejamos unos sencillos audios preparados hace ya varios años por Álex Bustos Armijo. Pero nunca han sido publicados ni comercializados. Disfrútalos y termina con el tema musical "Hemos venido a adorarte", lema de la Jornada Mundial de la Juventud de 2005 y con el mismo autor.



Bibliografía:

- Josef Ratzinger, El espíritu de la liturgia. Una introducción (Cristiandad, Madrid, 2001);

- Thomas J. Tolley, The origins of the liturgical year, 2nd ed., Liturgical Press, Collegeville, MN, 1991).

- Opus Dei, Libro 50 preguntas sobre Jesucristo y la Iglesia, 2016.

- Web Liturgia Papal

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